El motivo de plantearme, a pesar de dificultades personales o creativas este proyecto, fue conocer a Leticia, ella es chofer en Ciudad Juárez, en su camión de pasajeros atraviesa después del centro, ocho de las colonias peligrosas y subdesarrolladas de la ciudad.

¿Cómo es que terminaste como chofer? Lety: Bueno, hubo una temporada aquí en la que escaseó el trabajo, y luego andaba uno busque y busque. Así que uno de mis cuñados (él es chofer de la ruta), me dijo: “¿Qué? Aviéntate, yo te enseño”. Como yo tenía una bebé chiquita que nació prematura, y ya ves que uno, por los hijos, es capaz de todo; entonces dije: “Ya tengo la oportunidad aquí, pues sí, me aviento”. Y sí, entrené dos días y tómala que me dejaron trabajando.

Después de retratarla durante un día, en la ruta que diario recorre, conocí y retraté su casa, sus objetos, me presentó a sus hijos (uno de ellos es gladiador de lucha libre) y a través de su palabra, fui conociendo su historia. Lo que ahora entiendo es que ella no es un lugar común, al contrario se resiste a serlo. Es ahí donde la fotografía que vengo realizando durante varios años encontró un camino en este caos.

Como disciplina documental y como expresión artística, la fotografía que me interesa es aquella que cuestiona lo en apariencia evidente, en mi anterior proyecto con mujeres menonitas al norte de México, busque cuestionar una identidad aparente, en este proyecto me parece que se trata de algo de mayor gravedad, desenmarañar la inexplicable realidad que vivimos ahora, inexplicable no por que alguien no intente explicar el por que, quienes y hasta cuando, sino por que esas explicaciones no me parecen suficientes.

En uno de los últimos textos publicados de Michel Foucault, donde resume varios de sus argumento sobre su filosofía, tan importante para entender nuestras enfermedades sociales, entre las cuales me permito incluir la actual violencia que padecemos, sobre la idea de resistencia a la enfermedad del poder y la lucha que esta resistencia genera escribe lo siguiente:

“Son luchas que cuestionan el status del individuo: por un lado, afirman el derecho a ser diferentes y subrayan todo lo que hace a los individuos verdaderamente individuos. Por otro lado, atacan lo que separa a los individuos entre ellos, lo que rompe los lazos con otros, lo que rompe con la vida comunitaria, y fuerza al individuo a volver a sí mismo y lo ata a su propia identidad de forma constrictiva.”

El presente proyecto documental, propone retratar, desde la subjetividad de aquel que se resiste al miedo y al encierro, una forma de entender la violencia que todos vivimos, intenta retratar a las personas que desde lo profundo, luchan para si y para los otros y reclaman con sus gestos, decisiones y vivencias, un lugar para si mismos, una identidad que aceptan compartir y un lugar común en donde habitar y como lo hace Leticia un vehículo que transgreda aquellos paisajes donde en apariencia ya no se puede caminar y donde en apariencia ya no se puede confiar en los demás.

Los elementos básicos del lenguaje fotográfico, el retrato y el paisaje retoman su importancia, cuando yo decido, encuadrar personajes, sus recorridos y sus objetos, busco desde la experiencia, personal, intima y cotidiana mostrar esas resistencias, las mías, las de ellos y espero también las de nuestra colectividad.

No hay tal lugar