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Las Aguas Eran Salvajes

Exposición

2026

Las aguas eran salvajes

El título se inspira en las crónicas de Bernardino de Sahagún (1499–1590) en el Códice Florentino. Ahí se describía a la diosa del agua, lagos, ríos y manantiales Chalchiuhtlicue la diosa de la falda de jade, que era asociada con el movimiento del agua subterránea: una fuerza perceptible, violenta y desbordada. “Ahogaba a los hombres, los hundía entre la espuma y los remolinos; hacía revolver las aguas y los arrastraba a las profundidades. Perturbaba las canoas, las vaciaba; las levantaba, les daba vuelta y las hundía. El agua nunca se calmaba; las olas rugían, corrían y resonaban. El agua era salvaje.”

Este pasaje resonó profundamente en mi investigación como a mi proceso artístico y afectivo, que he desarrollado desde 2019 hasta hoy. Durante estos años, mi relación con el agua ha estado marcada por distintos momentos de transformación. El más profundo fue la experiencia de mi embarazo: obtener agua para otro ser, sentir mi cuerpo como un vaso inmenso de corrientes, un recipiente vivo.

A veces cerraba los ojos para percibir el fluir, invisible pero habitante en mí, ahí mi cuerpo, en esta sensación, era un contenedor de emociones, memorias y espíritu. Los mexicas por ejemplo, lo intuían al considerar que la sangre era atl tlaolli (agua y maíz), mezcla sagrada que contenía la vida. En la poesía de Octavio Paz escribió que “el agua es la mirada del tiempo”, y Cecilia Vicuña nos recuerda que el cuerpo mismo es un río que guarda memoria.

También han existido pérdidas materiales, que han marcado este proceso: la destrucción de la alberca de mi infancia, y más tarde, la desaparición del tinaco de mi antigua vivienda- estudio en la Ciudad de México. Ambas experiencias, me enfrentaron a la fragilidad de los contenedores del agua, a la vez físicos y simbólicos. Este recorrido no es solo personal, también es histórico y colectivo. Al investigar, descubrí cómo la ciudad ha sido siempre un territorio anfibio. Fuimos navegantes por mucho más tiempo de lo que creemos, y en Xochimilco todavía se rema. La ciudad continúa inundándose, mientras la política inaugura infraestructuras que fracasan y monumentos que celebran un control ilusorio.

Estos fracasos tiene historia desde emperador tlatoani, mexica Ahuízotl, (1486 a 1502,) quien construye un acueducto desde la fuente de Acuecuexco a Tenochtitlán, y este vuelve a fracasar. Así, hay varias historias que se van repitiendo y la lucha por el agua persiste, como una batalla constantes entre memoria, poder y supervivencia.

En este tránsito, además de recolectar experiencias y relatos, el proyecto se ha expandido en diálogo con otrxs. En una primera etapa trabajé con Mariana Mañón del colectivo Panósmico. Más tarde, he colaborado en distintos momentos con la antropóloga Sandra Rosental, y actualmente desarrollo una fase de trabajo con Roselin Rodríguez.